| 25 Diciembre 2006
Ambato.- “Vea, haga limpiar sus zapatos. No sea malo…” Esa frase tuvieron que aprenderse de memoria, ayer, 25 estudiantes de
Pocos tenían suerte. La gente se asustaba de ver a unos lustrabotas “creciditos”. Pero luego de una explicación se enteraban de que la tarea era parte de un agasajo navideño especial. 25 alumnos de séptimo semestre de Comunicación Social decidieron hacer el trabajo de los auténticos niños lustrabotas de Ambato, por unas horas, para apoyarlos en su labor y divertirlos en estos días navideños.
Aún así pocos aceptaban. Incluso en el Municipio de Ambato casi se prohíbe el ingreso a los betuneros. “Los chapas no nos quieren”, decía Juanito M., un niño de nueve años, quien disfrutaba al ver las vicisitudes de sus nuevos colegas. Luego de la primera lustrada, la ropa ya se manchaba de tinta y las uñas se hacían negras.
Los clientes que quedaron con los zapatos limpios pagaban “una voluntad”, aunque a veces ese aporte sólo terminaba en “muchas gracias chicos”. Otros ni siquiera se dejaron limpiar. El consejero provincial Washington Moscoso, por ejemplo, prefirió pagar 25 centavos “como aporte”, pero no se dejó sacar brillo a sus zapatos cafés.
La tarea de los 25 estudiantes y unos 60 betuneros, que les acompañaron, empezó a las 08h30 y terminó pasadas las 15h00.
Wilson P. disfrutó de la experiencia, a pesar de que debía trabajar para llevar dinero a su casa. Él diariamente logra reunir entre cuatro y cinco dólares. “Hay días que son buenos y se limpia hasta 70 pares de zapatos”. Con su hermano mayor Víctor, andan juntos para defenderse de niños más grandes, quienes les amenazan con pegarles.
Wilson era el experto de su grupo. Daba recomendaciones de cómo dar lustre y por dónde ir. “Los de oficinas se visten bien, se perfuman, pero ellos no lustran sus zapatos con nosotros.
Tiene nueve años. Él es parte de los 150 niños de
Cuando crezca Wilson quiere también ser “aniñado como los de las oficinas. Ojalá en alguna Navidad pueda tener una casa equipada y un carro”.
Ayer, aparte del apoyo de los 25 estudiantes, recibieron un almuerzo navideño, jugaron y al final vieron una película y recibieron caramelos. Las sonrisas no faltaron cuando los nuevos y viejos lustrabotas intercambiaron experiencias. Fabricio Valencia, líder de los lustrabotas universitarios, mientras limpiaba decía que es su manera de agasajar a los niños.
Carlos Rojas, otro estudiante, se lo tomó tan a pecho que no escatimó esfuerzos para hacer su labor. Llevaba un calentador azul y una chompa. Apenas pasaba un transeúnte le decía: limpio, y los cinco muchachos que lo acompañaban se reían.
Los niños prestaron su cajoncito sin ningún problema. Muchos incluso no sabían que al final, el viejo Noel les dejaría un regalo por su solidaridad con los universitarios.
La actitud de estos 25 universitarios, es un ejemplo de solidaridad que debemos imitar, qué importante que la juventud se dedique a prestar su contingente a los más necesitados.











