| 12 Diciembre 2006
Por la falta de ayuda gubernamental para el sector rural, cientos de personas y familias salen del campo para probar suerte en la ciudad, pero se encuentran con una de las realidades mas lacerantes que jamás se podían imaginar.
En países desarrollados los municipios les brindan trabajo a los desocupados, siempre orientados por sus obras y porque en sus arcas fiscales existe el dinero para poderles pagar, teniendo el trabajador el sueldo seguro para poder mantener a su familia.
Pero en nuestro medio, cuando el empleador es un avivato, desinteresado con el hambre de los demás y prepotente al momento de pagar, es cuando viene la injusticia para los desposeídos.
No es menos cierto que, en nuestra querida tierra la que nosotros decimos de progreso, de hombres pujantes por el desarrollo, la bella y hospitalaria Orquídea de los Andes, se cometen atropellos que desdicen de los derechos humanos, aquí en nuestro municipio se aprovecha la mano de obra de la gente que abandona el campo para hacer trabajos en servicio de la comunidad, pero estos no son remunerados a su debido tiempo, se les paga cada tres, cuatro y hasta seis meses con retraso, y cuando se ven asfixiados por las deudas, algunos regresan al campo sin haber sido pagados, otros se quedan y siguen su calvario. Algunos a escondidas denuncian en nuestra estación radial el no cumplimiento de pago por parte del municipio, a escondidas, porque si se llega a enterar el burgomaestre de quien ha sido, será quitado inmediatamente del rol de trabajadores eventuales, y para el colmo, si alguien más solicita trabajo, se le da con la condición de que no abran la boca ante nuestro medio de comunicación, que siempre está y estaremos para denunciar los atropellos que comete el empleador sobre los derechos humanos.











