El espacio para un actor se vuelve un hábitat muchas veces inhabitable, complejo de abordarlo. Una jaula gigante para apenas un minúsculo humano. Por ello la escenografía que acompañe al actor debe ser como una cueva en medio de montañas, donde se pueda sentir a gusto para su actuación.
En esta ocasión se estrena 'Triología', el monólogo de danza y teatro de Manolo Morales en el Variedades, ubicado en la Plaza del Teatro. La obra actuada y dirigida por Morales, tiene en su estructura varias corrientes contemporáneas con alta carga de elementos visuales.
Morales, en esta cueva (su escenario), ha incorporado pantallas que le dan más poesía visual al trasfondo de la escena. La historia recorre tres facetas de un hombre desde su infancia, su juventud y su adultez. En ella hay recuerdos que se acumulan hasta su última edad, momentos que no pudieron ser superados o que quedaron inconclusos y que acarrean consecuencias. La psicología y el estado afectivo vulnerable de un hombre que está solo y finge alegría se encuentran en la pieza de Triologías.
Las secuelas se expresan en la última parte de su vida, pero que en esta página no se contará para no perder el efecto de sorpresa de la historia.
Tres facetas de vida
En su primera etapa un niño aparece de una suave placenta; un niño que grita por su madre pero que no es escuchado. Luego viene la infancia, de juguetes, soldados de madera y muñecas. Un viejo baúl es, a su vez, su carrito en donde el infante expresa su alegría, subiéndose y moviéndose alrededor del escenario. Muchos de esos elementos, gracias a la carga emocional que tienen, pueden transformarse en juguetes lúdicos que apelan a la memoria del espectador. Así, simples motivos como las burbujas de jabón que el personaje lanza en el show, se convierten en justificaciones a una alegría anhelada, pero que no se materializó cuando grande.
El vestuario es realmente mínimo y trata de ir con las situaciones en que se encuentra el diálogo. En este monólogo, la interacción de objetos más la acertada selección de sonidos permiten mayor volumen al texto, en el que el actor mezcla la inocencia de la niñez con la cruda realidad actual.
La historia y el actor
Morales, como actor carece muchas veces del suficiente convencimiento en la apropiación de su personaje. Su rostro no comunica sensaciones; una gestualidad poco magnética; quizá se nota poco trabajo en el proceso de interioridad o necesita de la ayuda de una dirección, pero que esté alejada de la misma interpretación.
En ciertos momentos muestra su poca destreza en el manejo de vestuario para transformarse en el sujeto que atraviesa las diversas edades, y su desplazamiento en escena se ve extraviado con diálogos difíciles de seguir debido a su carga poética. Una caja mágica, en forma de baúl, es un elemento narrativo importante; pero su diseño no tiene peso y es pobre de color; por ende, carece de sorpresa. Una sorpresa que por cierto necesita la narrativa. Así, las burbujas de jabón se quedan en intenciones, con cierta provocación a la magia, pero que no ayudan a entrar en el diálogo con el público.
La música consta de dos fuentes: sonidos electrónicos o ‘new age’, hasta rock and roll interpretado por una joven banda, con guitarra eléctrica y batería en vivo. Si bien puede ser interesante la frescura de sonidos en vivo, la sincronización es obligatoria. Por ello, el actor mostró su rostro de disgusto cuando la agrupación no fue con el ritmo de la actuación.
Morales manifiesta ser influenciado por un teatro visual, junto a grandes expositores y precursores de esta corriente, tales como: Xarxa Teatre (España), James Thiérré (Francia, nieto de Charles Chaplin) y Tomaz Pandur (Eslovenia), director del Teatro Pandur. El último sostiene que esta corriente gira alrededor “de un teatro que conecta, que inspira y despierta a los espectadores. Un modelo del teatro europeo del futuro”.
El actor ecuatoriano es también un abogado ambientalista que se ha preocupado por el teatro. Su experiencia durante la Escuela de Teatro incluye actuaciones con textos de Ramón del Valle Inclán, Shakespeare, Cervantes y Juan Rulfo.
Como director estuvo a cargo del montaje Volver a Ver (con internos del Centro de detención provisional), dentro del festival de Centros Penitenciarios del Ecuador, en 1991.
Por Esteban Fuertes











